Tomando Consciencia...

Un Poquito de Mi... y Muchas Cositas Mas... SENSACIÓN ♥ CONCIENCIACIÓN ♥ ACCIÓN ♥ PARTICIPACIÓN ♥ CREACIÓN ♥ TRANSFORMACIÓN ♥ El SER HUMANO, La MADRE TIERRA y lo que les envuelve para SANAR y CAMINAR hacia el AMOR

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La Posibilidad de Vivir Intensamente


Muchas veces nos preguntamos cómo es eso de vivir intensamente, y yo a penas me siento en pañales en estos menesteres. Aun así, quiero comunicar algo de lo que siento o no siento cuando creo vivir o no vivir intensamente la Vida. 

A veces confundo el dar al otro esperando inevitablemente que el otro me devuelva lo que yo le pido a la Vida, y me doy cuenta que la Vida, en sí, nunca me ha pedido nada, ni siquiera me alecciona en cómo debería seguir para conseguir una vida cargada de bienestar. Sí, es así, la Vida no me exige nada y en cambio yo me paso mucha parte de mis días pidiéndo el sol cuando en esos momentos inevitablemente es la luna la que esta presente. Ella, la Vida, respeta a cada uno de los miembros que formamos parte de ella, ni le pide al sol que salga cuando le corresponde a la luna estar, ni le pide a la luna que alumbre y caliente como lo hace el sol, y sin embargo a veces yo continúo empeñada en exigirle algo que no es natural y que rompería el equilibrio natural, ¿por qué nos empeñamos tanto en querer cambiar “lo que es”? ¿Por qué nos empeñamos en exigir una mejora en nuestras vidas cuando ni siquiera nos dedicamos a amar y agradecer lo que tenemos?... 

A medida que pasa el tiempo, en esta mi vida de ahora, voy dejándome estar tal y como soy y tal y como siento en cada uno de los momentos que me relaciono con los otros, y si, por supuesto que con cada una de las personas que están en nuestras vidas nos relacionamos de forma diferente según muchas de las cosas que se “ponen en juego” en cada relación, pero yo aspiro a dejarme sentir y compartir mi sentir tal y como soy con la mayor intensidad posible para no dejarme “nada en el tintero”, para mostrar que lo que soy es lo que se ve, para dejar mis corazas, mis miedos y muchas y muchas otras que me impiden ser honesta y autentica con quien soy. 

Vivir intensamente produce vértigo porque mostramos ante el otro como somos, con nuestras luces y nuestras sombras, es arriesgarnos a parecer vulnerables y sin embargo, no es vulnerabilidad lo que mostramos ante el otro cuando mostramos todo nuestro ser sin tapujos, lo que verdaderamente mostramos es nuestra autenticidad, nuestra sencillez, nuestra esencia, nuestra alma… 

Mostrar nuestra alma, que miedo da, ¿no?. No importa, arriesguemos, seamos valientes, seamos conscientes de todo lo que somos y de todo lo que son los demás, pues ese Amor se encuentra en cada uno de nosotros y que hermoso sería poder conocer verdaderamente esa parte de la Vida que todos llevamos dentro, el Amor. Si estamos hechos de Amor, y esto no es una filosofada espiritual que inventamos para no sufrir, para hacernos más grandes que los demás, pues si verdaderamente yo siento que ese Amor esta en nosotros es porque al vivir intensamente, siento que tú y yo somos iguales, que tú y yo somos Amor, que tú y yo, creas o no, somos lo mismo, Vida… Amor. 

Cuando me relaciono contigo o quizás contigo, reconozco que aún me dejo influir de cómo te relacionas conmigo, y sin embargo, cuando me paro conmigo, veo, mejor dicho, siento, que en muchos momentos en los que nos hemos encontrado, me “he desnudado” ante ti, mostrándome que yo vivo a veces intensamente, expresando de distintas maneras, con palabras, con gestos, con miradas, con contacto, que me importa poco que tú me devuelvas o mejor dicho, me enseñes el trocito de Amor que tienes de Vida en tu interior, sin pretensión de que me lo regales, sino tan solo enseñándote ese trocito de Amor de Vida que llevo yo en mi interior, y que yo considero que está unido a cada uno de los trocitos de Amor que llevamos todos, ¿acaso tenemos miedo de mostrar que en esencia somos Vida y Amor?. 


"La imposibilidad de vivir intensamente está reñida con la posibilidad de amar el Amor, de amar la Vida, de amar cada uno de las personas que nos encontramos…liberemos las cargas, los miedos, las penas y abandonos creídos vivir con el otro, pues el Amor esta en ti, en mí y en todos los que formamos parte de la Vida... del Amor". 


Maje (María Jesús)  Enero de 2015

La guerra de encontrar la paz interior



Algunas veces nos ponemos delante de alguien con el que tenemos un lazo afectivo y en nuestra interacción de repente nos sentimos heridos, pensando, más bien creyendo, que es el otro quien origino nuestro malestar. Y analizamos lo que nos dijo, cada una de las palabras que consideramos hirientes y le damos más fuerza a ese dolor que creímos que nos causó por su actitud y palabras. Y sin embargo, cuando cogemos la honestidad con nosotros mismos, mirando el dolor que vivimos, mirando la herida que se abrió dentro de nosotros que creíamos sanada, nos damos cuenta, que el otro solo fue el maestro y aliado que nos mostró y conectó con nuestras propias heridas que un día creímos que se cicatrizaron. 

Y en un simple instante que nos reencontramos con nosotros, cara a cara, corazón a corazón, alma a alma, herida frente herida, descubrimos que brota de nuestro interior la primera lágrima que denota un dolor antiguo que realmente nunca sano, tan solo fue ocultado por la necesidad de “sentirnos” mejor con lo que estábamos viviendo. Y cuando rebrota una lágrima más nos damos cuenta que tan solo fue un intento de dejar de mirar, que nos sentimos inferiores, maltratados, repudiados y quizás poco reconocidos por el otro. 

Cuando nos dejamos inundar por esas lágrimas que comienzan a brotar sin ninguna intención de reprimir los sentimientos y emociones que salen a la luz, debemos acogernos con el máximo de los amores que hayamos hecho por nadie, si eso es, que hayamos hecho por nadie, pues nos hemos pasado la vida intentando con esperanza que el otro nos querrá tal y como somos, y en el fondo aparece que la necesidad mayor es que nosotros mismos seamos y nos creamos merecedores de nuestro propio amor. Si, de ese amor que brindamos a los demás con la intención de que sea multiplicado hacia nosotros por parte del otro con mayor fortaleza. 

¿Qué nos hizo realmente el otro para que tocáramos las profundidades de nuestra alma?. Es posible que realmente no nos haya hecho nada, es posible que solo él haya actuado como si sus propias heridas hayan sido causadas por nosotros, y sin embargo, una vez más, tampoco nosotros le hicimos nada, tan solo “atacamos” defendiéndonos de una guerra que nunca existió entre nosotros, pues la verdadera guerra se encuentra en cada uno de nosotros: la guerra de encontrar la paz interior. 

¿Y cómo nos creemos que podemos encontrar esa paz?. Aún sigo viviendo experiencias para integrar y averiguar donde realmente se encuentra esa paz, si en nosotros o en los otros. 

Quizás no somos conscientes que damos el poder total de nuestra vida y de nuestro sentir a lo que los demás “hacen” con nosotros, obviando que realmente somos nosotros los que deberíamos mirar dentro para alcanzar la paz y la alegría de vivir y compartir con los otros todo nuestro ser, con heridas o con obscuridades, y con potenciales que nunca podríamos pensar que existían en nosotros. 

Y cuando te miro a los ojos, a ti, bueno en realidad a mí, veo que soy igual que tú, y que deberíamos aunar nuestras fuerzas para comprender que todos estamos aprendiendo a vivir, que tú y yo somos los mismos seres en busca de encontrar el bienestar y la paz interior que todo ser aspira a obtener cuando llega a esta, su vida, la vida de ahora. 

Y la honestidad hace su aparición cuando nos acogemos, nos abrazamos con verdadero amor a lo que somos, a lo que hacemos, a lo que decimos, porque tú y yo somos lo mismo… si, exactamente lo mismo, o al menos formamos parte de un montón de gotas que danzan en la vida al compás que ambos escuchamos. Y no es mejor y más hermosa tu gota que la mía, pues tú y yo formamos las gotas del Amor por la Vida. 

Sí, así es, las gotas del Amor por la Vida, esa Vida con mayúsculas de la que todos los que transitamos ahora vivimos a la vez, a veces al unísono, a veces, a destiempo, a veces con reparos, a veces con envidias, pero también, a veces con verdadero Amor. 



"Cuantas veces culpamos al otro por lo que nos hizo, o por lo que no nos hizo, las famosas expectativas...y cuantas veces dejamos que nuestra vida tome el rumbo de la falta de bienestar por ceder al otro la responsabilidad y el poder de dárnoslo..."


Maje (María Jesús)  Diciembre de 2014



El viejo Arbol (Cuento de Denisse Itzel Torres Beltrán)


Una soleada mañana un hermoso pajarillo decidió pararse en una de las secas ramas de un viejo árbol.
Mientras el ave limpiaba cuidadosamente su rojo plumaje, escuchó que el árbol se lamentaba: 

- ¡Qué triste me siento! ¡Antes era bello y frondoso, ahora sólo soy un montón de frágiles ramas! ¡A quien le importa un árbol que no da frutos! ¡Ni siquiera los niños quieren treparme! 
- ¿A que se debe tanta desdicha?- preguntó el pajarillo al árbol. 
- Pues verás, hace más de dos meses que los dueños de esta casa se fueron y desde ese día no he probado una sola gotita de agua, si no llueve pronto seguro que moriré. 
- ¡Oh! ¡Que triste! Quisiera ayudarte, pero no sé como, sólo soy un pequeño pajarillo. 
- ¿Crees que puedas traerme aunque sea un chorrito de agua fresca en tu piquito?- Preguntó el árbol.
- ¡Claro!- dijo el pajarillo- ¡Es una excelente idea!, voy a pedir ayuda a todos los pájaros del rumbo y juntos te refrescaremos ¡Ya verás!
- ¡Muchas gracias pajarillo!- Exclamó el árbol. 

Las palomas, los cenzontles, los jilgueros, las calandrias, y otras aves del lugar, se reunieron en el río y dirigidas por el pajarillo rojo llevaron en sus picos agua para el viejo árbol.
- ¡Gracias! ¡Muchas gracias a todos! ¡Que feliz y vivo me siento! - Exclamó el árbol cuando, después de una larga espera, pudo disfrutar la lluvia que los pajaritos dejaban caer sobre él.

Todos los días los pájaros regaban con mucha generosidad al árbol. Poco a poco el viejo árbol recuperó su color, miles de hojas volvieron a crecer entre sus ramas y su tronco se hizo cada vez más fuerte. Todo él volvió a estar lleno de hermosas y fragantes flores que pronto se convirtieron en jugosas manzanas. ¡Que bello! El árbol volvió a sentirse vivo y frondoso.

La hermosura y presencia que el árbol daba al patio en el que vivía provocó que la casa nuevamente fuera habitada. Todos los días la señora de la casa regaba al árbol y éste cada vez estaba más resplandeciente. Los pájaros felices por la llegada de la primavera y por la dicha del árbol decidieron organizar una fiesta en el patio.

- ¡No! ¡No se paren en mis ramas! ¡Por favor!- dijo el árbol a los pajaritos.
- Que no ven que pueden tirar mis hojas, mis flores y mis frutos. A nadie le gustan los árboles secos. Busquen otro árbol para brincotear, hay muchos por este lugar.

El pajarillo rojo, junto con los otros pájaros, se fueron muy tristes por la actitud del árbol a quien tanto habían ayudado.

La mañana siguiente una paloma intentaba hacer su nido en el viejo árbol. El árbol muy enfadado dijo:
- ¡Oye! ¿Qué no vez que puedes dañar y ensuciar mis ramas y mi tronco? Hay muchos lugares donde puedes hacer tu nido, por que no buscas otro.
La paloma huyó avergonzada y entristecida. Lo mismo pasó con el jilguero y la calandria que intentaban alimentarse con las manzanas del árbol.

Poco a poco, los pájaros se alejaron del patio y dejaron de visitar al árbol. El árbol continuó hermoso y resplandeciente por un tiempo; pero cada día se sentía más pesado. Nadie comía ni tiraba sus manzanas. Tenía tantos frutos y flores encima que sus ramas y su tronco comenzaron a inclinarse. La señora de la casa pidió a su esposo que cortara el árbol porque en cualquier momento podría caerse.

El árbol, que escuchó lo que la mujer decía a su marido, lloró desconsoladamente. Los pájaros escucharon sus sollozos y acudieron al patio.
- ¿Qué te pasa viejo árbol? ¿Por qué lloras?- Preguntó el pajarillo rojo.
- ¡Estoy muy triste! ¡No dejé que ustedes tiraran mis flores, ni que comieran de mis frutos, ahora mis ramas pesan tanto que mi tronco se ha doblado y van a cortarme!
- No llores, viejo árbol, nosotros te vamos a ayudar- Dijo el jilguero.

Las aves comenzaron a tirar las manzanas, las flores y las hojas del árbol. Poco a poco el viejo árbol se enderezó y los señores de la casa decidieron no cortarlo. Aunque por un tiempo el árbol sólo tuvo unas cuantas hojas entre sus ramas, vivió feliz rodeado de pajaritos pues logro comprender el valor del agradecimiento, del servicio y de la generosidad.

 

CUENTO GANADOR del CONCURSO INTERNACIONAL de CUENTOS CORTOS para LA EDUCACIÓN EN VALORES "CIUDAD DE MORELIA" 2009/10

Autora: Denisse Itzel Torres Beltrán


Fuente: Red Mundial de Educadores 

El bigote del tigre (Cuento anónimo coreano)

Un día, una mujer joven llamada Yun Ok fue a buscar a un gran y sabio ermitaño que vivía en una montaña para pedirle ayuda. El ermitaño era un mago muy sabio que sabía de conjuros y pociones mágicas.

Cuando Yun Ok entró en su casa, el ermitaño, sin levantar los ojos de la chimenea que estaba mirando, dijo:

- ¿Por qué has venido?

Yun Ok respondió:

- Oh, Gran Sabio. Necesito tu ayuda, estoy desesperada. ¡Hazme una poción! Maestro -insistió Yun Ok-, si no me ayudas, estaré verdaderamente perdida.

- Bueno, ¿cuál es tu problema? -dijo el ermitaño

- Se trata de mi marido -comenzó Yun Ok-. Desde que ha vuelto de la guerra se comporta de un modo extraño. Siempre está enfadado y ya casi no habla. A veces, cuando debería estar trabajando en el campo de arroz, lo veo sentado en la cima de la montaña, mirando hacia el mar.

- A veces, los hombres que han ido a la guerra se comportan así al volver-dijo el ermitaño.

- Por favor, quiero una poción para darle a mi marido, así se volverá cariñoso y amable, como era antes.

- Muy bien, vuelve en tres días y te diré qué nos hará falta para esa poción.
Yun Ok volvió tres días más tarde

- Lo he pensado -le dijo-. Puedo hacer tu poción. Pero el ingrediente principal es el bigote de un tigre vivo. Tráeme su bigote y te daré lo que necesitas.

- ¡El bigote de un tigre vivo! -exclamó Yun Ok-. ¿Cómo haré para conseguirlo?

- Si esa poción es tan importante, obtendrás éxito -dijo el ermitaño. Y apartó la cabeza, sin más deseos de hablar.

Yun Ok se marchó a su casa. Pensó mucho en cómo conseguiría el bigote del tigre. Al fin se le ocurrió, y una noche salió de su casa con un plato de arroz y salsa de carne en la mano. Fue al lugar de la montaña donde sabía que vivía el tigre.

Sin acercarse mucho a la cueva donde vivía, extendió el plato de comida, llamando al tigre para que viniera a comer, pero esa noche el tigre no vino.

A la noche siguiente Yun Ok volvió a la montaña, esta vez un poco más cerca de la cueva. De nuevo ofreció al tigre un plato de comida.

Así continuó todas las noches, acercándose cada vez más a la cueva, unos pasos más que la noche anterior. Poco a poco el tigre se acostumbró a verla allí.

Una noche, Yun Ok se acercó a pocos pasos de la cueva del tigre. Esta vez el animal dio unos pasos hacia ella y se detuvo. Los dos quedaron mirándose bajo la luna. Lo mismo ocurrió a la noche siguiente, y esta vez estaban tan cerca que Yun Ok pudo hablar al tigre con una voz suave y tranquilizadora.

La noche siguiente, después de mirar con cuidado los ojos de Yun Ok, el tigre comió los alimentos que ella le ofrecía. Después de eso, cuando Yun Ok iba por las noches, encontraba al tigre esperándola en el camino.

Cuando el tigre había comido, Yun Ok podía acariciarle suavemente la cabeza con la mano. Casi seis meses habían pasado desde la noche de su primera visita. Al final, una noche, después de acariciar la cabeza del animal, Yun Ok dijo:

- Oh, Tigre, animal generoso, es preciso que tenga uno de tus bigotes. ¡No te enojes conmigo!. -Y le arrancó uno de los bigotes.

 El tigre no se enojó, como ella temía. Yun Ok bajó por el camino, no caminando sino corriendo, con el bigote aferrado fuertemente en la mano.

Loca de contenta, subió a la montaña para ver al ermitaño. Apenas había amenecido cuando llegó:

- ¡Lo tengo! ¡Tengo el bigote del tigre! Ahora puedes hacer la poción que me prometiste para que mi marido vuelva a ser cariñoso y amable.

El ermitaño tomó el bigote y lo examinó. Satisfecho, pues realmente era de tigre, se inclinó hacia adelante y lo dejó caer en el fuego que ardía en su chimenea.

- ¡Oh señor! -gritó la joven mujer, angustiada- ¡Qué has hecho con el bigote! ¿Por qué lo has tirado al fuego?

- Explícame como lo conseguiste -dijo el ermitaño.

- Bueno, fui a la montaña todas las noches con un plato de comida. Al principio me mantuve lejos, y me fui acercando poco cada vez, ganando la confianza del tigre. Le hablé con voz cariñosa y tranquilizadora para hacerle entender que sólo deseaba su bien. Fui paciente. Todas las noches le llevaba comida, sabiendo que no comería. Pero no cedí. Fui una y otra vez. Nunca le hablé con aspereza. Nunca le hice reproches. Y por fin, una noche dio unos pasos hacia mí. Llegó un momento en que me esperaba en el camino y comía del plato que yo llevaba en las manos. Le acariciaba la cabeza y él hacía sonidos de alegría con la garganta. Sólo después de eso le saqué el bigote. 
 
- Sí, sí -dijo el ermitaño-, domaste al tigre y te ganaste su confianza y su amor. 

- Pero tú arrojaste el bigote al fuego -exclamó Yun Ok llorando-. ¡Todo fue para nada! 

- No, no me parece que todo haya sido para nada -repuso el ermitaño-. Ya no hace falta el bigote. Yun Ok, déjame que te pregunte algo: ¿es acaso un hombre más cruel que un tigre? ¿Responde menos al cariño y a la comprensión? Si puedes ganar con cariño y paciencia el amor y la confianza de un animal salvaje y sediento de sangre, sin duda puedes hacer lo mismo con tu marido. 

Al oír esto, Yun Ok permaneció muda unos momentos. Luego avanzó por el camino reflexionando sobre la verdad que había aprendido en casa del ermitaño de la montaña.



"El camino del amor" de Eva Mengual

En esta historia descubriremos cómo podemos crecer gracias al amor que llevamos dentro.

 

 

SINOPSIS

Máire siente un dolor agudo en el pecho cuando Liam le explica que se ha enamorado de otra mujer. Es incapaz de decir nada y le cuesta respirar. El vacío se volverá insoportable y, a pesar de que la vida parece no tener sentido, emprenderá un viaje con la esperanza de encontrar una salida a esta desilusión. Estas páginas contienen una intensa fábula sobre el amor, que nos hará ver que no desaparece nunca, sino que está en nuestro interior y se transforma a lo largo de nuestra vida. "El camino del amor" nos descubre las pautas para volver a encontrar este amor y hacerlo crecer.


SOBRE el AUTOR

Eva Mengual Alexandri (Barcelona, 1973) se dedica desde hace más de diez años a la edición y autoría de libros educativos y divulgativos. El año 2008 empezó una etapa de formación relacionada con el mundo de las psicoterapias (Gestalt, Coaching, PNL) y actualmente combina las dos profesiones: editora y terapeuta.


FRAGMENTOS

"... Todo cambia, todo se acaba... Había sido muy valiente al dar este paso y, sin embargo, se sentía más cobarde que nunca..."

"... Quizá mañana todo sería más fácil. El tiempo lo cura todo..."

"... el miedo le conducía hacia la fuga. A veces el miedo es una señal y hay que seguirla para ver qué esconde..."

"... Los pescadores, en alta mar, cuando hay tormenta y la fuerza del agua los empuja de un lado a otro mientras la lluvia los empapa con desdén, no pueden hacer nada salvo agarrarse al timón a esperar que pase el temporal y llegue la calma. Y sólo desde esa calma podrán ver con más claridad y decidir cuál será su nuevo rumbo..."

"... Nunca se pierde el amor... en cualquier caso, toma formas diferentes..."

"... «La muerte es realmente un hecho importante, tan intenso como un nacimiento, y además, es inevitable», reflexiono..."

"... tranquila, confía en que todo irá bien. Te tienes a tí misma y en cada momento, sabrás encontrar lo que te conviene hacer. Acuerdate de la tormenta y la calma. Ambas están en ti, en tu interior..."

"... El amor tiene muchas formas, ya lo sabes, pero no lo busques en los demás, sino en tu interior. Sólo tienes que hacer tu vida, la que tú quieres: obsérvate, cuidate, quiérete... y encontrarás tu amor. Cuando lo encuentres, verás que tienes de sobra, para ti... y tambien para los demás, y eso es lo que hará que te sientas segura y fuerte. El amor está en tí, recuérdalo siempre..."

"... Así. mientras se cuidaba y se dedicaba a sí misma, iba sintiendo su propio amor y se conectaba de nuevo a la vida. «Si yo me quiero, puedo querer a los demás y tambien sentirme querida, y así es como se alimenta el amor y se hace cada día más grande»..."


 Fuentes: Libro "El camino del amor", Editorial Comanegra

 
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